No matarás: ¿matar o asesinar?

¿Es «No matarás» o «No asesinarás»? Lo que significa el hebreo, cómo se aplica a la defensa propia, la guerra y la pena de muerte, y lo que añadió Jesús.
Dos palabras en hebreo
Casi todos aprendimos este mandamiento en dos palabras, y en ellas cabe toda la pregunta:
No matarás.
Éxodo 20:13
Así lo dice la Reina-Valera, que desde hace más de cuatro siglos marca cómo citan la Biblia los evangélicos de habla hispana, y así lo enseña también el catecismo católico. Algunas traducciones modernas prefieren «No asesinarás» o «No cometerás homicidio». Leído al pie de la letra, «no matarás» parece prohibir toda muerte: la del soldado, la del policía, la de quien defiende a su familia. Leído de la otra manera, prohíbe algo más concreto. ¿Cuál es la lectura correcta?
En hebreo, el mandamiento también son dos palabras, lo tirtsach: «no» y una forma del verbo ratsach. Todo depende de lo que signifique ese verbo.
La respuesta corta: «No asesinarás» se acerca más al hebreo. Ratsach es la palabra para quitar una vida humana de forma ilícita, no para cualquier clase de muerte. La misma ley que da este mandamiento permite matar en defensa propia y en la guerra, y establece la pena de muerte, así que no puede significar «no matarás nunca, en ningún caso». Los cristianos siguen discrepando sobre su alcance, sobre todo en lo que toca a la guerra y la pena capital. Y Jesús lo llevó más hondo que cualquiera de esos debates: hasta la ira donde empieza el asesinato. Es una de las diez palabras que se explican en Los 10 mandamientos y su significado.
¿Matar o asesinar? Lo que significa el verbo
El hebreo tiene varios verbos para matar. Harag es el general, el que se usa para matar en batalla e incluso para matar animales. Ratsach, el verbo del mandamiento, es más concreto. Aparece unas pocas decenas de veces en el Antiguo Testamento y nunca se usa para animales ni para soldados en la guerra. Describe el acto de matar a un ser humano de un modo que deja a alguien responsable de esa sangre: casi siempre el asesinato deliberado y, en las leyes sobre las ciudades de refugio, incluso la muerte accidental (Números 35:11). Lo que importa es que la sangre humana nunca es barata.
La propia ley de Israel muestra que el mandamiento no puede significar «no matar nunca». Pocos capítulos después dice: «El que hiriere a alguno, haciéndole así morir, él morirá» (Éxodo 21:12), e Israel hace la guerra a lo largo de todo el Antiguo Testamento.
¿Por qué, entonces, las Biblias en español dicen casi siempre «No matarás»? Porque «matar» ha sido siempre la palabra corriente. La Reina-Valera la mantiene en el mandamiento y también cuando Jesús lo cita (Mateo 19:18), así que en español ningún versículo corrige al otro. Pero la misma Reina-Valera deja ver la diferencia en otros lugares: a quien comete ratsach, incluso sin querer, lo llama «homicida» (Números 35:11). El argumento de fondo no está en ninguna traducción, sino en el verbo hebreo.
La razón por la que la vida humana está protegida es anterior al Sinaí; se remonta al diluvio:
El que derramare sangre del hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre.
Génesis 9:6
El asesinato está mal porque toda persona lleva la imagen de Dios. Destruir una vida humana es atacar algo que le pertenece a él.
Defensa propia, guerra y pena de muerte
Si el mandamiento prohíbe matar de forma ilícita, las preguntas difíciles son sobre qué muerte es lícita. La propia ley traza una línea:
Si el ladrón fuere hallado forzando una casa, y fuere herido y muriere, el que le hirió no será culpado de su muerte. Si el sol hubiere sobre él salido, el matador será reo de homicidio.
Éxodo 22:2–3
De noche, el dueño de la casa no puede saber si el intruso viene a matar, así que defender el hogar no es asesinato. De día, cuando hay otras salidas, matar al ladrón sí lo es. El principio ha perdurado: la defensa necesaria no es asesinato, pero matar cuando no hacía falta puede serlo.
Las tradiciones cristianas construyen sobre esto de maneras distintas:
- Defensa propia. La enseñanza católica llama a la legítima defensa un derecho, y a veces un deber para quien es responsable de otros (Catecismo, n. 2263–2265). La mayoría de las iglesias evangélicas están de acuerdo. La tradición ortodoxa es más cautelosa: incluso una muerte justificada se considera una tragedia que pide arrepentimiento.
- La guerra. La mayoría de las iglesias siguen la tradición de la «guerra justa», que se remonta a san Agustín y solo admite la guerra por una causa justa, como último recurso y con límites. Aun así, san Basilio aconsejaba a los soldados que habían matado en batalla que se abstuvieran de la comunión durante tres años. Las llamadas iglesias históricas de paz, como los menonitas y los cuáqueros, se niegan a participar en cualquier guerra.
- La pena de muerte. El Antiguo Testamento la establece. En 2018 la Iglesia católica revisó su Catecismo para declararla «inadmisible» (n. 2267). Los evangélicos están divididos.
La mayoría de las iglesias aplican también este mandamiento a la vida en su comienzo y en su final. Esas preguntas merecen más que un párrafo, y las respuestas de cada tradición merecen escucharse completas.
Jesús y la ira que hay detrás
Concluyan lo que concluyan los cristianos sobre la guerra y los tribunales, Jesús llevó el mandamiento a un lugar del que nadie puede quedar fuera:
Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; mas cualquiera que matare, será culpado del juicio. Mas yo os digo, que cualquiera que se enojare locamente con su hermano, será culpado del juicio.
Mateo 5:21–22
Y sigue: quien llame a su hermano «Raca», un insulto parecido a «cabeza hueca», o «Fatuo», también está en peligro. El mandamiento va más allá del acto, hasta el desprecio que lo hace posible. Muy poca gente comete un asesinato. Casi todos hemos dado a alguien por perdido.
El primer asesinato de la Biblia muestra cómo funciona. Antes de que Caín matara a Abel, Dios le advirtió: «el pecado está a la puerta: con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él» (Génesis 4:7). Caín no se enseñoreó de él, y la ira se volvió violencia en un solo capítulo. La historia del rey David sigue el mismo camino, del deseo al engaño y a una muerte planeada (2 Samuel 11; hay más sobre esto en ¿Qué significa «No codiciarás»?).
Juan lo dijo de la forma más directa: «Cualquiera que aborrece a su hermano, es homicida» (1 Juan 3:15). No afirma que el odio y el asesinato hagan el mismo daño. Es un diagnóstico: nacen de la misma raíz, y el mandamiento va tras la raíz.
Proteger la vida, no solo no quitarla
Jesús no se quedó en prohibir la ira. Mandó a sus oyentes ir a hacer las paces, aunque eso significara interrumpir el culto:
Por tanto, si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares de que tu hermano tiene algo contra ti, Deja allí tu presente delante del altar, y vete, vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente.
Mateo 5:23–24
La enseñanza cristiana siempre ha leído el mandamiento también en positivo. Martín Lutero lo explicó así en su Catecismo Menor: no debemos hacer daño ni mal alguno a nuestro prójimo en su cuerpo, «sino ayudarle y asistirle» en todas sus necesidades. No asesinar es lo mínimo. Proteger la vida es la meta.
Algunas formas de vivirlo en la práctica:
- Atiende la ira a tiempo. La ira ante la injusticia puede ser justa; la ira alimentada se convierte en desprecio. Ponle nombre antes de que se endurezca.
- Rechaza el desprecio al hablar. «Idiota», «inútil» y sus equivalentes en internet son el «Raca» de hoy.
- Da tú el primer paso hacia la paz. Jesús pone la responsabilidad en quien recuerda la ofensa, no en quien la causó.
- Protege a los vulnerables. El buen samaritano cumplió este mandamiento al detenerse en el camino (Lucas 10:30–37).
Preguntas frecuentes sobre este mandamiento
¿Es «No matarás» o «No asesinarás»?
Las dos traducen las mismas palabras hebreas, lo tirtsach. «No asesinarás» es más preciso, porque el verbo ratsach se refiere a quitar una vida humana de forma ilícita, no a matar de cualquier manera. La Reina-Valera dice «No matarás» tanto en Éxodo 20:13 como cuando Jesús lo cita en Mateo 19:18, porque «matar» es la palabra corriente en español; algunas traducciones modernas prefieren «No asesinarás» o «No cometerás homicidio».
¿Es pecado matar en defensa propia?
La mayoría de las tradiciones cristianas dicen que la defensa propia necesaria no es asesinato, y Éxodo 22:2–3 declara sin culpa a quien mata de noche a un ladrón. La enseñanza católica llama a la legítima defensa un derecho y a veces un deber. Los cristianos ortodoxos suelen considerar que toda muerte, aun justificada, pide arrepentimiento, y las iglesias de paz rechazan por completo la violencia.
¿Matar en la guerra quebranta el mandamiento?
El Antiguo Testamento no usa ratsach para matar en batalla, y la mayoría de las iglesias sostienen la doctrina de la «guerra justa», que admite la guerra bajo condiciones estrictas. Las iglesias pacifistas, como los menonitas y los cuáqueros, creen que la enseñanza de Jesús excluye participar en la guerra.
¿El mandamiento prohíbe la pena de muerte?
No en su contexto original: la misma ley establece la muerte para el homicida (Éxodo 21:12). Los cristianos discrepan sobre el presente. La Iglesia católica considera la pena de muerte «inadmisible» desde 2018, y las iglesias evangélicas sostienen posturas diversas.
¿Qué mandamiento es «No matarás»?
Es el sexto mandamiento para evangélicos, ortodoxos y judíos, y el quinto para católicos y luteranos. Las palabras son las mismas en todas las Biblias (Éxodo 20:13; Deuteronomio 5:17); en Los 10 mandamientos católicos y evangélicos se explica por qué cambia el número.