¿Por qué Moisés rompió las tablas?

Moisés bajó del Sinaí con tablas escritas por Dios y las hizo pedazos. Por qué lo hizo, quién escribió las segundas y dónde están hoy las tablas de la ley.
Cuarenta días en el monte
Los Diez Mandamientos se pronunciaron en voz alta en el Sinaí antes de ponerse por escrito (Éxodo 20). Después Dios llamó a Moisés a subir al monte para recibirlos en piedra, y Moisés estuvo allí «cuarenta días y cuarenta noches» (Éxodo 24:18). Bajó con dos tablas «escritas con el dedo de Dios» (31:18).
Abajo, en el campamento, cuarenta días fueron demasiado. El pueblo acudió a Aarón y le dijo: «a este Moisés, aquel varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido» (32:1). Aarón reunió sus zarcillos de oro e hizo un becerro, y el pueblo proclamó: «Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto» (32:4). Aarón incluso anunció: «Mañana será fiesta a Jehová» (32:5). Más que abandonar a Dios, intentaban fabricarse una versión de él que pudieran ver y manejar, que es exactamente lo que prohíbe el mandamiento contra las imágenes. (En Los 10 mandamientos católicos y evangélicos se explica por qué algunas tradiciones cuentan ese mandamiento aparte.)
La respuesta corta: Moisés rompió las tablas porque Israel ya había roto el pacto escrito en ellas. Mientras él estaba en el monte, el pueblo hizo un becerro de oro y lo adoró. Al bajar y verlo, Moisés arrojó las tablas al suelo lleno de ira, un gesto que además declaraba roto el acuerdo. Más tarde Dios volvió a escribir los mandamientos en unas segundas tablas. Toda la historia está en Éxodo 32–34, y explica por qué los mandamientos son, al final, un regalo dado dos veces. Para los diez en sí, mira Los 10 mandamientos y su significado.
El becerro y las tablas rotas
Moisés sabía lo que estaba pasando antes de verlo. En el monte, Dios le dijo que el pueblo «se ha corrompido» y amenazó con consumirlo (Éxodo 32:7–10). Moisés intercedió por ellos, recordándole a Dios sus promesas a Abraham, Isaac e Israel, y «Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo» (32:14). Entonces Moisés emprendió el descenso, con unas tablas que el texto se detiene a describir:
Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas.
Éxodo 32:16
Pero saberlo no era lo mismo que verlo:
Y aconteció, que como llegó él al campo, y vio el becerro y las danzas, enardeciósele la ira a Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y quebrólas al pie del monte.
Éxodo 32:19
Quemó el becerro, lo molió hasta reducirlo a polvo, lo esparció sobre las aguas y se lo dio a beber a los hijos de Israel (32:20). Lo que sigue es uno de los pasajes más duros del Éxodo: los levitas responden al llamado de Moisés y matan a unos tres mil hombres en el campamento (32:26–28). La Biblia no lo suaviza, y nosotros tampoco deberíamos hacerlo. El becerro no fue un desliz menor. A pocas semanas de oír hablar a Dios, Israel había quebrantado los primeros mandamientos de la lista.
Por qué Moisés las rompió
El texto da una razón sin rodeos: «enardeciósele la ira a Moisés». En hebreo es la misma expresión que Dios había usado en el monte, la que la Reina-Valera traduce «déjame que se encienda mi furor en ellos» (32:10). Moisés había convencido a Dios de apartar su ira y luego, al ver el becerro con sus propios ojos, perdió la suya. Es un momento muy humano, y la Biblia lo deja tal cual.
Pero desde hace mucho los lectores han visto en él algo más que un arrebato:
- Un pacto hecho pedazos. En el mundo antiguo los tratados se escribían en tablas, y romper la tabla significaba anular el tratado. Israel había roto el pacto en menos de cuarenta días; Moisés lo hizo visible.
- Un acto de misericordia. Un midrash judío (Éxodo Rabá) compara a Moisés con un mensajero que lleva el contrato de matrimonio a una novia, descubre que ella ha sido infiel y rompe el contrato para que no pueda ser juzgada por él. Romper las tablas evitó que Israel fuera condenado según un acuerdo que acababa de romper.
El propio Moisés lo recordó después como algo hecho en público y a propósito:
Entonces tomé las dos tablas, y arrojélas de mis dos manos, y quebrélas delante de vuestros ojos.
Deuteronomio 9:17
¿Se equivocó Moisés? Dios nunca lo reprende. Cuando le ordena preparar tablas nuevas, menciona sin más «las tablas primeras que quebraste» (34:1). El Talmud lee esa frase como una aprobación (Shabat 87a), y el rabino Rashi observó que las últimas palabras de los cinco libros de Moisés elogian lo que hizo Moisés «a ojos de todo Israel» (Deuteronomio 34:12), y las entendió como una alusión a este momento. La tradición judía todavía recuerda ese día con un ayuno, el 17 de Tamuz.
Las segundas tablas
La historia podría haber terminado al pie del monte. En cambio, Moisés volvió a subir y se ofreció a sí mismo por el pueblo: «Que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito» (32:32). Dios renovó el pacto, y las segundas tablas comienzan con una frase sorprendente:
Y Jehová dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste.
Éxodo 34:1
Esta vez Moisés puso la piedra y Dios puso las palabras (Deuteronomio 10:1–4). Y cuando Moisés subió otra vez al monte, Dios hizo algo que no había hecho la primera vez. Pasó delante de él y proclamó su propio nombre:
Jehová, Jehová, fuerte, misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad.
Éxodo 34:6
Las segundas tablas llegaron envueltas en la descripción más completa del carácter de Dios en todo el Antiguo Testamento, dada a un pueblo que acababa de demostrar que no era capaz de guardar las primeras. Los mandamientos que Israel llevó finalmente a la tierra prometida fueron una ley dada después del fracaso, y después del perdón. El Talmud añade un detalle tierno: los pedazos de las primeras tablas se guardaron en el arca junto a las tablas enteras (Berajot 8b). Nada de lo que Dios había escrito se tiró.
Adónde fueron las tablas
Las segundas tablas se guardaron en el arca del pacto (Deuteronomio 10:5), y siglos después seguían allí. Cuando Salomón llevó el arca al templo de Jerusalén, «en el arca ninguna cosa había más de las dos tablas de piedra que había allí puesto Moisés en Horeb» (1 Reyes 8:9).
Después, el rastro se pierde. Babilonia destruyó el templo en el año 586 a. C., y el arca nunca aparece entre los tesoros que se llevaron. Varias tradiciones intentan llenar ese vacío. El Segundo libro de los Macabeos, que forma parte de la Biblia católica y de la ortodoxa, cuenta que Jeremías escondió el arca en una cueva del monte Nebo (2 Macabeos 2:4–8). La Iglesia ortodoxa etíope afirma que el arca se guarda en una iglesia de Axum, donde nadie puede verla salvo su custodio. Algunas tradiciones judías la sitúan en una cámara bajo el Monte del Templo. Nadie ha mostrado las tablas, y no se ha encontrado ninguna prueba arqueológica de ellas.
Al propio Jeremías la pérdida no parecía inquietarle. Llegaría un día, dijo, en que «no se dirá más: Arca del pacto de Jehová; ni vendrá al pensamiento» (Jeremías 3:16), porque Dios escribiría su ley en los corazones (31:33). Pablo retomó la imagen:
…escrita no con tinta, mas con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.
2 Corintios 3:3
Puede que las piedras se hayan perdido para siempre. Las palabras nunca estuvieron pensadas para quedarse en ellas.
Preguntas frecuentes sobre las tablas
¿Por qué Moisés rompió las tablas de los Diez Mandamientos?
Porque Israel ya había roto el pacto que contenían. Mientras Moisés pasaba cuarenta días en el monte Sinaí, el pueblo hizo un becerro de oro y lo adoró. Cuando Moisés bajó y lo vio, se encendió su ira, arrojó las tablas y las quebró (Éxodo 32:19), mostrando que el pacto se había roto.
¿Quién escribió los Diez Mandamientos, Dios o Moisés?
Según el Éxodo, Dios pronunció los Diez Mandamientos en voz alta ante todo Israel (Éxodo 20:1) y los escribió en las primeras tablas de piedra «con el dedo de Dios» (31:18). Moisés puso por escrito las demás leyes que Dios le dio en «el libro de la alianza» (24:4–7).
¿Quién escribió las segundas tablas?
Moisés labró la piedra y Dios escribió las palabras: «escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras» (Éxodo 34:1; véase también Deuteronomio 10:1–4). Éxodo 34:28 dice que «escribió en tablas las palabras de la alianza», y algunos lectores entienden que el sujeto es Moisés, pero la mayoría de los intérpretes judíos y cristianos lo leen a la luz de 34:1: quien escribió fue Dios.
¿Dónde están hoy las tablas de los Diez Mandamientos?
Nadie lo sabe. Se guardaban en el arca del pacto, que estaba en el templo de Salomón (1 Reyes 8:9) y desaparece de los registros después de que Babilonia destruyera Jerusalén en el 586 a. C. Algunas tradiciones la sitúan en el monte Nebo, en Axum (Etiopía) o bajo el Monte del Templo, pero no se ha encontrado nada.
¿Hizo mal Moisés al romper las tablas?
La Biblia nunca lo dice. Dios se refiere a «las tablas primeras que quebraste» sin reprenderlo (Éxodo 34:1) y simplemente manda reemplazarlas. La tradición judía lo lee como una aprobación, y muchos lectores cristianos ven en el gesto a Moisés declarando roto un pacto que ya estaba roto, antes de interceder por el pueblo.